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ene

Los bebés y su sueño

“Duerme poquísimo”, me dice una madre que ha venido a verme a mi consulta. “Y llora mucho”, añade después con cierta desesperación. Habla de su bebé de 4 meses, Julieta, a la que tiene en brazos. “Mira, durante el día no duerme casi nada y aun así por la noche le cuesta coger el sueño”.

Mientras hablamos y me va contando su día a día, yo la observo a ella y a su bebé. Y, poco a poco, voy descubriendo el patrón que posiblemente lleva a que la niña no duerma. La madre, primeriza y totalmente entregada a su pequeña, tiende a cogerla a la mínima señal de protesta o lloriqueo. Pero no solo la coge, sino que la aúpa, le hace carantoñas, juega con ella y le habla con tal de evitar su llanto.

bbe_llorar.jpg“Es que no quiero dejarla llorar”, me explica. La entiendo y comparto su opinión, tal como sabéis (este tema lo traté hace unas semanas). Pero veo al mismo tiempo que su actitud hace que la niña no duerma lo que necesita dormir, lo cual a su vez conduce a más llantos.

Me explico: la mamá, sin darse cuenta, la excita demasiado. Al principio la niña parece estar contenta por estar en brazos, pero no por mucho tiempo: llora de nuevo, por lo que la madre busca más trucos para calmarla.

¿El resultado? Julieta está cada vez más excitada y sobreestimulada, y como consecuencia le cuesta todavía más dormirse.

Entonces, ¿cómo solucionar el tema? Le explico que es importante fijar un ritmo diario y mantenerlo: tras la toma y un rato de juegos, a la cuna, sobre todo a la primera señal de cansancio (frotarse los ojos, cogerse las orejas, bostezar, etc.).  Si protesta o al momento se despierta, en lugar de levantarla de la cuna es mejor acariciarla un poco para no interrumpir su ritmo y para que vuelva al sueño cuanto antes. Para hacernos una idea, un bebé de 4 meses necesita de 19 a 23 horas de sueño, con una siesta por la mañana y otra por la tarde.

Mantener un ritmo fijo en cuanto a tomas y siestas es lo que más le beneficia, tal como demostró un estudio de un hospital infantil de Utrecht (Holanda), en el que participaron bebés que lloraban bastante. A la mitad del grupo comenzó a ofrecérsele un ritmo fijo y una rutina a la hora de dormir (el baño, la toma, unas canciones, etc). Todos los días la misma rutina. Al otro grupo no se le ofreció este programa. El resultado fue que al cabo de dos semanas, todos los bebés del primer grupo lloraban mucho menos que los del segundo.

Después de explicárselo a la madre de Julieta, le aconsejo que pruebe a hacer lo mismo. Ya os contaré cómo le va.


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