8
may

No es país para madres

Por Sandra Sánchez, redactora

La ONG Save the children acaba de publicar su Informe Estado Mundial de las Madres 2012. No tiene desperdicio. Arroja multitud de datos y merecería la pena analizar cada uno de ellos por separado y con detenimiento.

Uno de los que más llaman mi atención es que España baja este año nada menos que cuatro puestos en la lista de los mejores países del mundo para ser madre. Estamos en el puesto 16. ¿Podemos quejarnos? Depende. Si nos comparamos con Noruega, que es la más lista de la clase sí. Pero si echamos un vistacillo rápido a los diez últimos tenemos que dar gracias a la lotería de la vida por haber nacido donde lo hemos hecho.

En España nuestra esperanza de vida es de 85 años, sólo superada por Japón, y la la participación política de las mujeres ha aumentado. En cuanto a la duración de la baja por maternidad, contamos con 16 semanas, frente a las 52 de las que disfrutan las mamás danesas. Y en nuestro país las mujeres ganamos 0,52 euros por cada dólar que gana un hombre. En fin…

Ahora contemplemos la situación de Yemen, Afganistán o Níger. Estos países se encuentran en medio de una crisis alimentaria terrible y en Níger, el último del ránking, un millón de vidas de niños están en peligro. La salud de sus madres no es mucho mejor.

Save the Children da la voz de alarma y afirma que hay medidas esenciales que pueden actuar como salvavidas para estas mujeres y para sus hijos, entre ellas favorecer la lactancia materna y las buenas prácticas de higiene. Si quieres colaborar con ellos, entra en www.savethechildren.es

P.D. Se me ha ocurrido hacer un sencillo ejercicio: colocar la foto de una mamá noruega con su bebé enfrentada a otra foto de Save the Children en la que aparecen una mamá nigeriana y su pequeño (observad la mirada de la madre). El contraste ha sido brutal y me da mucho que pensar. Primera reflexión: ¿Cómo es posible que en el siglo XXI haya unas desigualdades tan espantosas? Y segunda, algo en lo que creo firmemente, en el poder de la educación para combatirlas. Lo expresó perfectamente Horace Mann: “La educación es el gran igualador de las condiciones del hombre, el volante de la maquinaria social”.


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3
may

Nacemos peces, morimos pájaros

Por Silvia Cándano, redactora

Mi hijo Miguel ya es mayorcito (tiene 11 años), pero cuando era pequeño también pasó por esas épocas en las que se obsesionaba con un tema y quería saberlo todo sobre él. Sus preguntas eran constantes… ¡Qué digo preguntas! En realidad eran interrogatorios… ¡Y cómo que constantes! Sus cuestiones eran ininterrumpidas 16 horas al día.

Cuando el asunto giraba en torno a los colores, los animales o los medios de transporte la cosa iba más o menos bien. Las situaciones comprometidas surgían cuando le daba por filosofar y tratar cuestiones tan trascendentales como la vida y la muerte.

Aquí tenéis algunas de las reflexiones que hizo con 4 y 5 años, que más me llamaron la atención.

Sobre la vida:

“Así que antes de nacer yo nadaba dentro de un líquido que tú tenías en la tripa… O sea, que antes de convertirme en un niño, fui un pez”.

“Pues si me tenías en tu tripa, antes de nacer tuviste que comerme… ¿Y cómo lo hiciste, si todavía no había nacido?”

“Tú eres mi madre porque me tuviste en tu tripa pero… ¿y papá por qué es mi papá?”

En cuanto a sus conclusiones sobre la muerte…

“¿Que los muertos se transforman en polvo? ¡Qué horror! O sea, que nuestra casa está llena de muertos…”

“Así que cuando eres viejo y estás enfermo te mueres, te transformas en un pájaro y te vas volando al cielo y allí te ponen joven y guapo para que puedas volver…”

“¿Tú estás segura de que los muertos van al cielo? Porque mira que se muere gente cada día y yo no he visto a nadie volando todavía…”

Pero lo que más gracia me hizo fue un día que volvió indignado del colegio:

“Me he enterado de que en algunos sitios entierran a los muertos… Eso, encima de que se mueren se lo ponen más difícil para marcharse al cielo… ¡Qué mala idea!”

Y llamó por teléfono a sus abuelos para compartir su “rebote” con ellos.

 


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26
abr

Ser mamá en tiempos de crisis

Por Sandra Sánchez, redactora

Las madres españolas estamos en crisis. Sí, igual que los tiempos. Muchas de las que hasta ahora combinaban trabajo fuera y dentro de casa, después de estudiar y dedicarse durante años a desarrollar una carrera vocacional o no, se ven en la calle o, mejor dicho, metidas en casa a tiempo completo.

Algunas de estas mamás, las más positivas, ven esta crisis laboral como una oportunidad, la de pasar más tiempo con sus hijos y disfrutar de ellos hasta que lleguen tiempos mejores. Otras se encuentran como un león enjaulado, buscando trabajo desesperadamente, bien porque necesitan el dinero o bien porque ser únicamente ama de casa les resulta agobiante.
Todas estas posturas son respetables y mi deseo es que cada una de ellas encuentre pronto la salida que busca.

Otras madres mantenemos nuestro trabajo con mejor o peor fortuna y nos aferramos a él con uñas y dientes. Hemos luchado por él y nos resistimos a que la crisis se lo lleve por delante. Pero no, eso no significa que la vida nos vaya de perlas. En realidad nos movemos por el mundo (seguro que no todas, pero sí la mayoría de mis amigas y yo misma) “como vaca sin cencerro”. Esta frase es de Almodóvar y me identifico muchísimo con ella. Indica que intentamos llegar a todo sintiéndonos en muchas ocasiones perdidas, sin un rumbo claro.
Un nuevo estudio elaborado por Procter & Gamble dentro de la campaña “Gracias mamá” se publica justo hoy y ofrece estos datos:

* 1 de cada 2 madres españolas cree que la crisis económica les dificulta su tarea como madres.
* Cada madre española dedica a ella misma una media de 39 minutos al día. (Muchos me parecen). Las finlandesas disponen de 70 minutos diarios
* Las mamás españolas dedican diariamente a sus hijos 4,7 horas, cifra superior a la media europea, situada en 4,1 horas.

¿Qué os parecen todos estos datos? A mí me reafirma en algo que llevo varios años pensando: que nos han vendido una moto y la hemos comprado encantadas. Como resultado de ello, me veo (muy) estresada y (algo) desorientada.

Pero como siempre me gusta buscarle el lado bueno a todo, lo encuentro en el hecho de lo emocionante que es tener un hijo. Para comprobarlo, nada mejor que disfrutar de este vídeo que ha realizado Procter&Gamble para patrocinar los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y que da a las madres el lugar que se merecen. No os lo perdáis.


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18
abr

Si te gusta leer, nunca estarás solo

Sandra Sánchez, redactora

“No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”. La frase es de un autor genial, Günter Grass, Premio Nobel y Premio Príncipe de Asturias de Literatura. Pienso en ella y no puedo más que estar completamente de acuerdo. Es la mirada mágica del que se introduce en un mundo nuevo, fantástico, lleno de historias por descubrir, muchas de las cuales incluso cambiarán su vida.

Tengo que agradecer a mis padres multitud de cosas, imposible hacer una lista. Pero si intentara hacerla, en los primeros puestos, sin duda, colocaría haberme animado desde niña a amar la lectura. ¿Cómo? Teniendo cuentos atractivos a mi alrededor y viéndoles a ellos disfrutar leyendo y comentando sus novelas favoritas.

Ahora la madre soy yo y uno de mis objetivos (no me he puesto muchos, porque luego no los alcanzo y me frustro) es transmitir a mi hijo esa pasión por la lectura. Sólo tiene 4 años, pero ya desde hace dos pasea y saborea conmigo la Feria del Libro de Madrid y visitamos con bastante frecuencia las librerías infantiles. Nuestras favoritas, El Dragón Lector, Kirikú y la bruja y la tristemente desaparecida El Hada Trabalenguas (maldita crisis). También le he llevado a algún cuentacuentos, pero reconozco que me gustan más a mí que a él, que se dispersa con bastante facilidad. En fin…

El próximo día 23 se celebra el Día Internacional del Libro. Yo ya estoy pensando qué cuento “estrenar” en esa fecha. Me he puesto a investigar y he descubierto un montón de novedades interesantes para los peques. Tantas, que he hecho con ellas una galería que quiero compartir con vosotros. Aquí la tenéis. ¿Qué cuento os seduce más?


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4
abr

¡Con lo fácil que es mentir!

Por Belinda Santamaría, redactora

Hoy, al llegar al trabajo, me he encontrado con Arantxa, una amiga. La he notado agotada y me ha confirmado que “no podía con la vida”, que estaba cansadísima y que la perspectiva de los días de Semana Santa (la guardería está cerrada), le aterraba.  Mi amiga tiene dos bebés que se llevan apenas 15 meses. Se decidió a formar parte del colectivo de madres añosas, sin mucho interés, todo hay que decirlo, pero ya que estaba en ello y le fue tan bien durante  su primer embarazo y parto, pensó que lo mejor era tener otro hijo con poca diferencia de tiempo.

Ella no sabía que la Naturaleza es muy justa y que reparte sus virtudes entre las madres para que no le toque siempre todo lo bueno o todo lo menos bueno a la misma. Por eso, su primer hijo, era y es un santo bendito que se mueve lo justo para no molestar, come y duerme cuando debe, llora si es preciso cuando se hace daño y obedece cuando le dices: “eso no se toca, eso no se hace”. Vamos, una joya. Pobre inocente, pensando que todos los niños son así, se quedó embarazada de nuevo y tuvo ilusionadísima a su segunda hija. Y con ella llegó la revolución.

La etapa de cólicos fue intensísima. La niña ni comía ni dormía ni dejaba dormir a nadie. Mi amiga estuvo en fase de pre-depresión, su marido en fase de pre-divorcio y los abuelos, que iban a casa dos días en semana para que la pobre madre recuperase  fuerzas, en fase de pre-huída al extranjero.

Aunque con el tiempo las cosas han mejorado, la niña sigue siendo un torbellino y acapara todas las atenciones posibles, no solo por lo preciosa que es, sino porque no hay forma humana de estar a su altura y anticiparse a sus travesuras. El niño, por su parte, sigue siendo un buenazo, pero cuando le quitan sus cosas, invaden su espacio y no le dejan jugar tranquilo con sus legos, también responde… y entre los dos tienen a mi amiga de los nervios.

Esta mañana, no sabía cómo ofrecerle consuelo a sus penas. Ella confiaba en mi buen criterio sobre este tema, porque yo he vivido una situación similar. Mis hijos se llevan 18 meses, uno de ellos siempre fue buenísimo y el otro, no tengo palabras para describirlo. Mis mañanas previas a la guardería y con el horario pegado para no pillar atasco, eran caóticas; mis nervios estaban siempre de punta, el corazón a todas horas fuera de su sitio, la casa llena de juguetes, el coche… mejor no verlo. Y sin embargo, recuerdo esa época como de gran felicidad (¡qué raras somos las madres!).

En su día yo también pedí consejo a Mapi, otra amiga con hijos adolescentes que había superado con gran éxito la etapa de bebés muy seguidos. Ella era tan estilosa, tan moderna, con tanto glamour, que intuí que sus experiencias debían ser un buen ejemplo a seguir.

Sus palabras fueron: “Mira, cariño, te lo puedo pintar de rosa, te lo puedo edulcorar de la manera que tú quieras, pero la auténtica verdad, lo que nadie te cuenta, es que cinco años de horror no te los quita nadie”. Casi me da un pasmo, pero una vez que lo asimilas, y  te das cuenta de que el caos no es para siempre, sino que tiene un tiempo establecido, miras el día a día, y lo que te queda, con otra perspectiva.

Y eso es lo que yo pretendía con  Arantxa, darle un plazo para que viese la luz al final del túnel.  Así que con la mejor intención le he adelantado: “Tranquila, en cinco años todo se arregla”.

Su mirada tenía mucho más contenido que sus palabras, y eso que han sido duras: “Qué quieres, ¿hundirme? Hija, ¡con lo fácil que es mentir, qué te costaba hacerlo!”  Y se ha ido, creo que llamándome de todo en voz baja, a su puesto de trabajo.

A estas horas, sigo dándole vueltas a la situación. Arantxa se ha enfadado y no llego a comprender por qué no ha captado el buen sentido del mensaje. No sé cuál ha sido el fallo, debe ser que me falta el glamour de Mapi.


5 ComentariosEnviado por: Belinda
26
mar

Canciones para embarazadas y mamás recientes

Por Sandra Sánchez, redactora

El embarazo es un estado especial, no hay nada ni parecido en la vida de una mujer, al menos esa es mi experiencia. La alegría y la emoción de saber que estás esperando a tu hijo, que crece dentro de ti y que pronto va a estar contigo, a tu lado, es realmente difícil de describir, hay que sentirla.

Mi hijo tiene ya cuatro años, pero recuerdo que cuando estaba embarazada me gustaba escuchar música íntima, relajante… y un par de canciones escritas maravillosamente sobre el proceso de la gestación y el parto. Mi preferida, con la que confieso que siempre echaba unas lagrimitas (si no unos lagrimones) era Respiras y yo. La compuso hace ya bastante tiempo Rosana, que si no estoy equivocada no es mamá, pero sí ha sido capaz de reflejar en este tema cantado por Kesia las sensaciones del bebé y la relación con su madre a la hora de nacer. Os dejo la canción para que disfrutéis de ella. Pero aviso, es imposible no emocionarse.

La segunda canción que me tocaba la fibra sensible era Peinas el aire, de La caja de Pandora. El cantante la escribió para su hijo y le salió redonda. Un avance de la letra: “Si supieras cuántas veces he soñado dibujando en mi cabeza, dándole forma a mis sueños, la ilusión se me llevaba como a un niño de pensar que te quedaba dentro tan poquito tiempo. Y llegaste al fin cuando asomaba el alba y fue la más bonita madrugada…” Pero mejor, escuchadla.

Hay muchas más canciones ideales para mamás futuras y recientes. Se me ocurren Mi pequeño tesoro, de Presuntos implicados, o Mi estrella, de Elefantes. Y, cómo uno, un clasicazo, De parto, una canción-poema que Serrat escribió en los años 70: “Si la viese usted, mirándose feliz al espejo palpándose el perfil y trenzando mil nombres en dos sexos. A su manera floreció por primavera para dar gracias al sol y perfumar la vereda.” Una belleza.

Este post va dedicado a todas las mujeres que están descubriendo o van a descubrir en breve el mundo de la maternidad. ¿Difícil? sí. ¿Maravilloso? También.


9 ComentariosEnviado por: Sandra
21
mar

El parto de una española en Holanda (y II)

Por José Carlos Siegrist, redactor jefe de Crecer Feliz, y Loreto De La-Chica

Hemos invitado al blog de la redacción a Loreto, que nos está contando cómo fue su parto en Holanda. Muy interesante, porque hay diferencias con España.

En el post anterior, “El parto de una española en Holanda (I)”, Loreto nos explicó cómo se preparó para tener un parto natural en casa (es lo que hacen la mayoría de las holandesas), aunque al final tuvo que ingresar en el hospital porque el parto se complicó. En este post nos cuenta el nacimiento de Sophia y las ayudas que tienen en casa las nuevas mamás holandesas.

EL NACIMIENTO DE SOPHIA Y UN “CHASQUIDO” SOSPECHOSO
“A las 0.00 horas rompen la bolsa y empiezo a dilatar, pero muy lentamente. A las 4 de la mañana aprox. se dan cuenta de que Sophia se ha girado y no mira hacia atrás, sino hacia adelante, y no puedo dilatar más (tengo ya unos 7 cm) porque su nariz está atascada en mi pelvis.

“Solución rápida: cesárea; todo preparado por si hay problemas. Solución buscada y bienhallada: tuve la suerte de que el único ginecólogo que realiza ese tipo de giros a los bebés en el canal del parto, para colocarlos bien, estaba de guardia. Imagino que si hubiera estado en España, ahora tendría una cesárea.

“A la vez que yo empujaba con la contracción, el médico empujaba hacia adentro y giraba a Sophia. Después de varios intentos lo consiguió. De los 7 a los 8 o 9 cm, la matrona me hizo dilatar manualmente; vamos, que estuvo abriendo y metiendo mano para ayudarme a dilatar.

“A todo esto, y como no tenía puesta la epidural, me dieron una perita por la que podía autoadministrarme por vía intravenosa pequeñas dosis de morfina para ir pasando el dolor. No sé si en España habría tenido esta posibilidad, imagino que en la Seguridad Social no, y por privados, la verdad es que lo desconozco.

“Estaba tan cansada que tenía delirios de sueños entre contracción y contracción, ensoñaciones que duraban como un minuto y de las que me despertaba hablando en alto. Resultado, a las 11.02 de la mañana me dicen que ya estoy de parto. ¿Y hasta ahora qué había sido?

“Lo bueno es que a las 11.29 terminó todo con Sophia en mis brazos. No hay NADA, absolutamente NADA en este mundo que te proporcione el tipo de felicidad que sientes en ese momento, no hay nada que se le parezca, es una sensación nueva y distinta de felicidad, es algo tan grande y tan maravilloso…

“Pero hay problemas: al salir la niña han oído un chasquido y piensan que Sophia puede tener la clavícula rota. Afortunadamente no es así y al cabo de los días, la que tiene algo roto soy yo: a través de una fisioterapeuta especializada en pelvis me confirman que tengo una fisura en el pubis, posiblemente por el hombro de Sophia, así que desde que nació la niña, cada dos semanas tengo que ir a una fisioterapeuta para rehabilitación, y se supone que aún me quedan unos cuantos meses hasta estar bien del todo.

“A esto me refiero cuando digo que SÍ merece la pena, tal y como dices en tu blog (“Tener hijos a pesar de las crisis”). Las madres siempre dicen que los dolores se olvidan. Yo te aseguro que no los olvidaré jamás, pero si tuviese que volver a pasar por lo mismo para tener a Sophia, lo haría una y mil veces.

“Por cierto, el paritorio era como una habitación de lujo de un hotel, con mininevera, máquina de café-chocolate-té, sirven comidas, cafés y desayunos para tu acompañante también… Bastante superior a las habitaciones de seguros médicos privados.

DIFERENCIAS EN EL PARTO Y EL POSTPARTO ENTRE HOLANDA Y ESPAÑA
“Después de todo este rollo, que te he explicado para que se entienda mejor, te resumo lo que yo creo que es distinto en Holanda que en España.

“Para empezar, aquí se da a luz en casa, tienen todo preparado, piensan en la matrona y en su salud (por las patas de la cama) y viene una enfermera a tu casa, pagada entera o a medias por tu seguro, dependiendo del tipo de seguro que tengas, y te enseña a bañar al bebé, a atenderle, a tomarle la temperatura, cómo hacer su cama…, absolutamente todo.
“También velan por el ambiente familiar de cara a la salud de la enfermera. Por ejemplo, no se puede fumar en casa, aunque tú o tu pareja seáis fumadores. Yo creo que en España, si viene alguien a decirte cómo tienes que actuar en tu propia casa, le mandamos a la m…

“A la madre, la enfermera le cura los puntos, si los tiene (yo, afortunadamente, no los tuve), la ayuda con las cosas de la casa, como ya comenté, le prepara la comida y atiende a las visitas, lleva a los niños al colegio si tienes hijos mayores, te pone cafés, tés y esas cosas… Es muy curioso, la verdad, y si tienes la suerte que tuve yo con mi enfermera, es una bonita experiencia. Esto de la enfermera es totalmente distinto a España.

“También es distinto, o al menos ésa es la fama que tienen aquí los ginecólogos españoles, que en España prácticamente todos los niños de hoy en día nacen por cesárea (sí, ya sé que no, pero es lo que piensan aquí), porque los médicos no se complican mucho, mientras que en Holanda intentan siempre que sea todo lo más natural posible.

LAS AYUDAS POR TENER UN HIJO Y LA CELEBRACIÓN DEL NACIMIENTO
“Aquí el Gobierno te da ayudas por cada hijo. Hace años era más cantidad, pero ahora han bajado. Alrededor de unos 300 ó 400 € al trimestre por tu primer hijo y unos 200 € por los siguientes. Para mí, Sophia es la primera, pero para Anton es la tercera, así que se supone que cada trimestre nos ingresan unos 200 €, no llega, por Sophia.

“Hay dos cosas muy típicas de aquí:
1. Las tarjetas de nacimiento. Los holandeses son superformales y se mandan tarjetas para todo, así que cuando tienes un hijo, para informar a todo el mundo  envías una tarjeta con los datos del recién nacido: nombre, fecha, peso, hora… y el teléfono al que puedes llamar para pedir cita y visitar a la madre y al bebé. Por supuesto, tienes que evitar llamar a las horas de descanso de la madre y del niño, que también pones en la tarjeta.
2. Si hay algo típico de Holanda son los MUISJES, que te ofrecen en todas las casas cuando vas a visitar a un bebé. Si es niño, azul y blanco, y si es niña, rosa y blanco. Son unas bolitas de anís que ponen encima de una especie de pan tostado, con mantequilla y encima las bolitas. Si no ofreces eso, no eres holandés.

“Respondiendo a la pregunta inicial, lo bueno y lo malo de ser madre en Holanda… Lo bueno de estar aquí, que no me hicieron cesárea. Lo malo… no encuentro nada malo. El único problema, tal y como comencé a contar, es el idioma. Y aun así, hacen todo lo posible por entenderse contigo, les encanta que intentes hablar su idioma y siempre se ríen cuando saco mis diccionarios por si tengo algún problema. Bueno, ya sé que en todas partes cuecen habas, pero yo hasta ahora no tengo ninguna queja.”

Gracias, Loreto, por ser una chica valiente y por describir tan bien tu experiencia. Felicidades por Sophia, que es una preciosidad. Y felicitamos también a Anton, el orgulloso papá holandés de esta “nueva españolita por el mundo”.


4 ComentariosEnviado por: José Carlos
13
mar

El parto de una española en Holanda (I)

Por José Carlos Siegrist, redactor jefe de Crecer Feliz, y Loreto De La-Chica

Cuando escribí el post “Nuevos españolitos por el mundo”, le pregunté en el Facebook a mi amiga Loreto, que se ha ido a vivir a Holanda y ha tenido una preciosa niña, Sophia: “¿Cómo es la experiencia de ser madre fuera de España?”.

Y tras confesarme que su mayor problema ha sido con el idioma (“tengo el título de Holandés Básico, pero no conocía las palabras técnicas relacionadas con el embarazo y el parto”), me dice: “No creas que es tan distinto de España, al ser un país de la Unión Europea, pero sí hay diferencias. Para explicártelas tendría que contarte todo un rollo…”. Y me cuenta su experiencia de parto en Holanda con tanto detalle, emoción y humor que le tengo que ceder este post. Esta es su historia…

PREPARANDO EL PARTO EN CASA, COMO HACEN LAS HOLANDESAS
“Yo salía de cuentas el 18 de octubre y, como me enseñaron mis padres que ‘donde fueres haz lo que vieres’, tenía todo preparado para dar a luz en casa, como es normal en Holanda. Mis padres, familia y amigos me decían que estaba loca, que qué pasa si hay problemas, que sin epidural, que si no sabía lo que hacía…

“Pero la verdad es que yo estaba convencidísima, tranquila y, viendo lo bien que lo tienen todo organizado aquí, sin ningún miedo. He de decir también que dar a luz en el hospital por decisión propia, sin que haya problemas en el parto o posibles problemas vistos con anterioridad, cuesta aproximadamente entre 600 y 1000 €, pero si tienes alguna razón médica lo cubre el seguro.

“Te dicen todo lo que tienes que tener en casa para el momento del parto, desde las patas de la cama para que esté alta y se facilite el trabajo de la matrona, hasta una especie de cuña metálica que usan para recoger la placenta (estas dos cosas las puedes alquilar o pagar una cuota anual a una empresa que te deja cosas médicas cuando las necesites).

“Y también tienes que tener tu ”cajita”, que aquí la llaman KRAAMZORGPAKKET, y que es una caja donde viene un poco de todo: compresas, mantas plásticas para no manchar la cama, gasas, alcohol, la pinza para el cordón umbilical, compresas para el pecho… Esto lo compras en la farmacia por unos 35 € la caja básica.

“En el momento del parto te asiste la matrona que te atendió durante todo el embarazo, y una enfermera si la necesita la matrona, que será la que luego tienes durante una semana en tu casa ayudándote en todo lo relacionado con el bebé y contigo y que después hace cosas de la casa tipo lavadora, plancha, limpieza de baño, atender a visitas…

“El médico de cabecera está avisado por si se presentan problemas. Y si con todo eso hay que correr al hospital, viene una ambulancia a tu casa y en 10 minutos estás en el centro médico. Así que estaba muy tranquila, como le decía a mi madre: tardo menos en ir al hospital que está a 10 km, en el pueblo de al lado, que si me tocara hora punta en la Castellana de Madrid y tuviese que llegar al hospital  La Paz.

UN PARTO QUE SE COMPLICA Y EL INGRESO EN UN HOSPITAL HOLANDÉS
“El día 19 empecé con las primeras contracciones. Resultado: aún no estaba de parto, pero tampoco podía dormir. El día 20, más de lo mismo, estaba supercansada. Pero las contracciones venían más rápido y llamamos a la matrona. Ya tenía 1 cm de dilatación y contracciones fuertes, pero todavía no estaba de parto.

“El 21, otro día más sin dormir. Llamó la matrona, vino a verme por la mañana y me dijo que si seguía así, me mandaría al hospital esa misma noche para que me suministraran algo y pudiera dormir, porque si llegaba el momento del parto, no tendría fuerzas después de tres días así. También dijo que había entrado en un círculo vicioso: no dilato más porque estoy tensa por no dormir y no duermo por los dolores…

“El caso es que así fue, por la tarde llamó al hospital y a las 21 horas fuimos para alla. Nos explicaron, a Antón y a mí, que me suministrarían morfina para dormir, que no había problemas para el bebé y que eso me haría descansar para poder estar tranquila, y que igual podría ponerme de parto al día siguiente.

“A las 21.30 me monitorizaron y una vez que comprobaron que todo era correcto, me suministraron morfina alrededor de las 22 horas. Seguí con contracciones cada vez más fuertes y seguidas durante una hora más. Llamé a la enfermera para ir al baño, porque no me dejaban ir sola, y al regresar a la cama estuve vomitando.

“No me preguntes por qué, porque no tengo ni idea, pero el hecho de que vomitase fue para ellos el aviso de que ya estaba de parto. Me monitorizaron de nuevo y así era. Así que hora y media después de que Antón se fuera alegremente a casa a dormir, el pobrecito, le llamé para decirle que volviera, que me iban a romper la bolsa y que finalmente daría a luz en el hospital. Por un lado, una pena, porque me hubiera gustado hacerlo en casa, pero por otro, mejor, por los problemas que tuve después y que me hubieran mandado al hospital sí o sí.”

En el próximo post, “El parto de una española en Holanda (y II)”, asistiréis al nacimiento de Sophia, entre delirios de su mamá, y descubriréis la atención domiciliaria y las ayudas que reciben allí las nuevas mamás y sus bebés.


5 ComentariosEnviado por: José Carlos
2
mar

Un par de zapatos: la felicidad

Por Silvia Cándano, redactora

Cuando voy al cumpleaños de algún niño siempre me quedo asombrada ante la enorme cantidad de regalos que recibe el homenajeado y me pregunto si los padres estaremos haciendo bien o no celebrando los aniversarios tan a lo grande. Al ver semejante cúmulo de paquetes no puedo evitar pensar en mi sobrina: Disha.

 

Disha es una niña hindú que llegó a nuestra familia en diciembre de 2006, cuando aún no había cumplido los dos años, procedente de una las zonas más pobres de la India. Como podéis imaginaros, esa Navidad fue muy especial para todos nosotros (llevábamos esperándola más de cuatro años) y preparamos los regalos de Reyes incluso con más ilusión que otros años.

La noche del 5 de enero todos llevamos nuestros zapatos al salón y Disha, que repetía cualquier movimiento que observaba a su alrededor, también dejó los suyos, sin mucho convencimiento eso sí, como pensando: “¿y éstos qué hacen ahora?”.

A la mañana siguiente nos levantamos y empezamos a abrir nuestros regalos encantados. A los breves instantes uno estaba oliendo su perfume nuevo, otro probándose ese pantalón que no se esperaba, otro repasaba el libro que sí se había pedido…

Hasta que de pronto, sin ponernos de acuerdo, nos miramos, dejamos de abrir paquetes y reparamos en Disha, que no había abierto ni uno solo de los suyos. La niña simplemente había cogido sus zapatos y estaba sentada en el suelo fuertemente abrazada a ellos, con cara de alivio por haberlos recuperado. No necesitaba nada más para sentirse feliz…


3 ComentariosEnviado por: Silvia
15
feb

Nuevos españolitos por el mundo

Por José Carlos Siegrist, redactor jefe

Una de las consecuencias de la crisis económica y laboral en España es la fuga de “talentos”: jóvenes con formación e idiomas (o con ganas de aprender y salir adelante) que tienen que emigrar a otros países para poder trabajar y vivir.

Y como entre los más preparados y valientes abundan las mujeres, y en edad de tener hijos, hay muchas españolas que están siendo madres en el extranjero.

¡Cómo hemos cambiado! ¿No os parece? De ser un país que acogía a emigrantes de toda clase y condición, volvemos al pasado, al “vente pa Alemania, Pepe” que marcó a la generación de nuestros padres y abuelos.

Hace casi ocho años, en Crecer Feliz hicimos un reportaje sobre la experiencia de mujeres de otros países que habían emigrado a España y tenido aquí a sus hijos. Participaban una madre africana, una japonesa, una polaca y una mamá argentina (ésta, mi amiga Silvia con su bebé Samuel, mi “ahijado adoptivo”, que entonces tenía 8 meses) y lo titulamos “Mamás de allí, hijos de aquí”. Hoy podríamos dar la vuelta al título como a un calcetín.

Pienso en María, mi guapísima e inteligente prima de Burgos, que tras encadenar sucesivos contratos de becaria emigró a la fría Noruega, donde ejerce su profesión de ingeniera en un magnífico puesto y donde están creciendo sus hijos Sara (9 años) y Martín (6). Cuando vienen a España, incluso ella parece ya más nórdica que de aquí, y no digamos mis sobrinos.

O en mi colega periodista Eva, que emigró con su marido Patrick a Inglaterra, donde están criando a Ethan (10 años) y a Lucas (5) como dos perfectos lords ingleses.

Me acuerdo también a menudo de la hermana de mi compañera Belinda, madre en Alemania de Sebastian (6 años), o de la hermana de mi amiga Belén, madre en Suecia de Luukas (8 años).

Otra amiga que hace poco más de un año se lió la manta a la cabeza y se fue a vivir a Holanda es Loreto, que recientemente ha sido madre allí de una preciosidad llamada Sophia (2 meses). Le pregunto en el Facebook por su experiencia, la de ser madre en el extranjero, y me envía un interesante y extenso mail sobre el parto en Holanda, en qué es distinto de España, que me reservo para otro post porque no tiene desperdicio.

Y hoy, al coger el ascensor de mi trabajo, en Hearst, me encuentro con mi colega Juan Comba, a quien le cuento que estoy escribiendo este post y que a su vez me cuenta que su hija Bárbara acaba de ser madre en Irlanda y me entrega una foto de su nueva nieta dublinesa, Sofía, recién nacida, para que la publique en el blog.

(En la foto, Sofía –2 días, Irlanda– y Sophia –2 meses, Holanda–.)

Es verdad que en los tiempos que corren, con la internet, el Skype y los vuelos low cost, las distancias con la familia española se acortan, pero está claro que todas estas madres son de “aquí”, emigradas, y sus hijos son de “allí”, pertenecen ya a otra cultura.

Y me pregunto si algún día a estos “nuevos españolitos por el mundo”, Sara, Martín, Ethan, Lucas, Sebastian, Luukas, Sophia y Sofía, como a tantos otros hijos de españolas que están naciendo en el extranjero, les interesará venir a residir en España porque nuestra situación ha mejorado, o si nos visitarán en vacaciones para darnos envidia (sana) con su prole de chiquillos, y qué bagaje nos aportarán, y qué país encontrarán en esta piel de toro…

En fin, dejemos los vaticinios. Y como lo prometido es deuda, mi próximo post será: “El parto en Holanda, en qué es distinto de España”. Eso sí, sólo si os parece interesante…


3 ComentariosEnviado por: José Carlos

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